Donato Ayma Rojas

Comunicador Social y Sociólogo aymara, radioapasionado  de la comunicación educativa, popular y participativa. A través de su voz ha recorrido todas las comunidades de los departamentos de Oruro y La Paz. Impulsor de los primeros programas participativos con la población campesina e indígena en Radio Emisoras Bolivia (la primera emisora campesina del país), en la ciudad de Oruro en la década de 1970.

Posteriormente, en la ciudad de La Paz, instauró el primer noticiero aymara en Radio San Gabriel, y continuó sus transmisiones radiales bajo ese género periodístico durante más de 15 años consecutivos. El año 2003, fue invitado por el ex Presidente Carlos Mesa Gisbert a ocupar la cartera de Ministro de Educación.

Fue facilitador de diversos procesos educativos. En la ciudad de El Alto, es reconocido como el gestor de la creación del Centro de Educación  y Comunicación para Comunidades y Pueblos Indígenas (CECOPI), institución de la que actualmente es Presidente vitalicio.

Asimismo, es considerado el principal autor de la salida al aire de Radio Atipiri 840 amplitud modulada, medio de comunicación educativo, participativo y alternativo que pretende llevar a la práctica la Democratización de la Comunicación.

La emisora fue fundada con el objetivo de devolverle la palabra a la población  discriminada, entre ellas mujeres, adolescentes, niñas y niños, abuelas y abuelos de la cuidad de El Alto, de las provincias del departamento de La Paz y de Bolivia entera. Donato Ayma, a través de la emisora, trabaja incansablemente para que éstas poblaciones  conozcan y ejerzan su Derecho a la Comunicación e Información, pues la apuesta es que a través del ejercicio de éste derecho, puedan aportar en la construcción del desarrollo de su barrio, comunidad, municipio, departamento y país.

Nació de octubre de 1941 en Untavi, ayllu Pumasara, del cantón Toledo de la provincia Poopó del departamento de Oruro.

Estudió la primaria en las escuelas “Pumasara” de Untavi y “Anselmo Nieto” de Toledo, y la secundaria en el colegio “Casimiro Olañeta” de la ciudad de Oruro, donde se graduó Bachiller en Humanidades.

El nivel académico, estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana (UCB) de la ciudad de La Paz, donde obtuvo la licenciatura. Estudió también la carrera de Sociología en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).

A nivel postgrado, estudió la Maestría en Desarrollo Social, Ciudadanía, Trabajo e Igualdad en CIDES-UMSA. Elaboró la tesis de investigación sobre “Sistemas de Autoridades Originarias de los ayllus de Toledo: Un estudio de caso sobre la estructura social y política del antiguo territorio Q`asaya”.

Realizó Diplomados en las áreas de “Comunicación para el Desarrollo” en la Universidad Andina Simón Bolivar (UASB), y “Organización y Administración Pedagógica del Aula en Educación Superior” en el CEPIES-UMSA.

Participó en el “Curso Integrado de Comunicación Social para la Pastoral” en la Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia), becado por la Conferencia Episcopal Latinoamericana. Asimismo, asistió al Curso abierto sobre “La Primacía de los Derechos Humanos en Tiempos de Globalización” en la Universidad Andina Simón Bolívar de La Paz.

Fue docente de la UMSA en la carrera Ciencias de la Comunicación Social en la materia de Taller de radio y Comunicación Educativa. También fue docente en la carrera Ciencias del Desarrollo, Historia, Lingüística e Idiomas en la UPEA.

Publicó varios artículos de prensa en periódicos bolivianos como La Patria, El Diario, Presencia y otros.

Estos son algunos de sus escritos que fueron difundidos en revistas científicas de la UPEA: "La Radio en Bolivia, Comunicación Alternativa"; "La Quinua, alimento Milenario de los Andes"; y, "Chipaya, pueblo milenario de los Andes".

Asimismo, publico un artículo sobre la Historia de la Radio Aymara en Bolivia, en el libro del Bicentenario de La Paz el año 2009.

Fue Director del periódico digital “La Voz de Q`asaya”, en homenaje a las bodas de oro de la provincia Sucavi.

Artículos escritos sobre el comunicador y sociólogo aymara Donato Ayma Rojas

 

Dar

Adalid Contreras Baspineiro, sociólogo y comunicólogo boliviano

Nos quedamos varados en el mar de sal sin más horizonte que un cielo azul intenso transformado paulatinamente en una caja negra albergando un concierto de estrellas saltarinas. Él, grabadora en mano parecía entrevistarle al cielo, o a la nada. -¿Qué grabas?- le pregunté -¿No escuchas?- me dijo -¿No escuchas el silencio?, ¿no le escuchas a la Pachamama?-

Ya bien cerrada y gélida la noche -ya van a venir, no se preocupen- procuraba alentarnos. -¿Quiénes?- le preguntamos -Surgirán de las sombras, nos dijo, y nos darán calor y esperanza-. Y no paró de relatar en quechuaymarañol sus cuentos de aparecidos que pasaban de la imaginación al realismo con la complicidad de las piedras reventando por el frío o el silbido intenso del viento helado. Nos obligamos a acurrucarnos para no ser tragados por los espantos. No se equivocó, surgieron de las sombras de la imaginación narrada y nos dieron calor.

Aún no amanecía cuando llegaron. Habían escuchado por la Radio Bolivia que llegaríamos a descansar en Coipasa, y como no aparecimos caminaron la noche hasta encontrarnos. -Escuchalo, es él-, se decían alborozados. -Habla igualito que en el “Cuento Qhepi". Es Donato Ayma Rojas!- Y él no se equivocó, salieron de las sombras para regalarnos luz y esperanza.

A inicios de 1980 nos tocó evaluar la experiencia de INDICEP, una ONG de educación popular que en conexión con Radio Bolivia, la primera emisora campesina de Bolivia, realizaba un trabajo descomunal en las zonas rurales del departamento de Oruro, promoviendo “el desarrollo a partir de su propio rollo”. Donato, que fue designado por ambas instituciones como nuestra “contraparte”, tuvo el cuidado antes de nuestro periplo de dos meses inolvidables por los ayllus y markas del Oruro profundo, de anunciar por la radio nuestro cronograma de visitas. En realidad lo esperaban a él, el de la voz expansiva de su mundo.

Más que contraparte ganamos un colega, o mejor, un maestro. Lo (re)conocían donde llegábamos. Lo reconocían por la voz aunque no lo hubieran visto nunca. Alto, mastuco, de ojos que se achinaban cuando hablaba con su vozarrón que no necesitaba parlantes para escucharse, y siempre grabadora en mano, sabía cautivar con sus preguntas, sus relatos, sus poemas y sus canciones.

En las comunidades, adivinábamos las respuestas en aymara, quechua o murato para preguntas planteadas en español y entendidas en idioma nativo. Respondían rápido a nuestras preguntas de cuestionario porque su interés estaba puesto en el acto que coordinaba Donato y que nos lo condicionó en el programa justificando que la evaluación, así como la educación y la comunicación son un ayni, es decir un acto de reciprocidades en el que ellos nos dan información valiosa de su vida y nosotros debemos ofrecerles el conocimiento de un mundo que les es ajeno.

Y Donato, multilingüe, hablaba de la coyuntura, y alfabetizaba, y comparaba, y desafiaba. Y preguntaba todo el tiempo con el dominio práctico de la pedagogía liberadora freiriana basada en la expresión de la palabra. No importaba si era un aula o el local del sindicato o la cancha de fútbol o el patio de la escuela, se convertían en espacios educativos lúdicos y de interacción comunicativa. Cautivaba. En realidad, ese era el verdadero y real momento evaluativo, no nuestras encuestas rigurosa y “científicamente” estructuradas. Orientaba, preguntaba, aprendía y en realidad no se iba, sino que dejaba huella en comunidades que quedaban tarareando ese contagioso ritmo de huayño: “wiskacha añatuyalla, phisicallo machanxatayna wasuru, waruru…”, y que tampoco se me olvida.

Años después, recordando esta experiencia, me reveló que asumía que su oficio para vivir en convivencia era dar, porque ese era el nombre que le regalaron sus padres y la naturaleza: Donato (D) Ayma (A) Rojas (R). No merecía morir abandonado al borde de un camino, porque su vida fue un ayni entre su extraordinaria calidad humana y la correspondencia cariñosa de un pueblo que le habla al mundo en sus palabras. O quizás, en los sonidos del silencio, se ha producido la correspondencia entre Donato y la Pachamama que emergió en la noche para darle calor y esperanza. Te vamos a extrañar amigo.

Quito, Mitad del Mundo, 25 de noviembre de 2016

Donato Ayma, un Cóndor de Los Andes  

José Luis Aguirre Alvis, comunicador social, director del SECRAD – UCB

Luis Ramiro Beltrán Salmón, el más destacado referente de la comunicación horizontal de América Latina, se refería a Donato Ayma como el primer comunicador aymara titulado por una universidad en Bolivia. A su vez, el exdirector de la Carrera de Comunicación Social de la UCB, Jaime Reyes Velásquez, lo consideraba uno de los referentes de la comunicación junto al pueblo, y en los espacios académicos lo presentaba como uno de los más activos promotores de la locución en lenguas nativas en la radio boliviana. Este camino él lo inició siendo muy joven trabajando primero en la Radio Bolivia de Oruro y luego en Radio San Gabriel (“La voz del pueblo aymara”), en La Paz donde ingresó en 1979.

Donato Ayma Rojas ingresó a las aulas universitarias con una ventaja cualitativa frente a los que fuimos sus compañeros de estudio. Primero, porque había trabajado varios años vinculado a la radio, pero sobre todo porque tenía el don de la cercanía para hacer de la comunicación una experiencia de relacionamiento intercultural, además de vivir la experiencia práctica de entender que la palabra y la locución aymara tenían una misión: servir para liberar a las poblaciones rurales, y en particular a aquellos que se encontraban en situación de invisibilidad y miseria. Donato consideraba a la palabra como el camino para recuperar la dignidad del hombre del campo. En tal sentido, apasionado por la gente del área rural, les acercó el micrófono en muchas experiencias de comunicación popular, a fin de que ellos construyeran su propio discurso.

Otra de sus ventajas, esencial para un comunicador en el escenario de Bolivia, consistía en su dominio, con igual precisión y belleza, del aymara, el quechua, la lengua del pueblo uru y del idioma puente, el castellano. Estos dones le permitían transmitir determinados espacios radiofónicos alternando, de forma admirable, comentarios y/o informaciones en dos idiomas y ocasionalmente hasta en tres.

Nacido en Untavi, una comunidad de Toledo (Oruro), hizo su primera escuela en la histórica Radio Bolivia en ésa misma ciudad, pero su prestigio como locutor aymara surgió desde los espacios informativos de Radio San Gabriel, en La Paz, a la que ingresó cuando era conducida por el visionario sacerdote jesuita José Canut. Radio San Gabriel no solo se constituyó en un modelo educativo para los distantes escuchas de sus variados programas, sino también para sus mismos trabajadores, quienes como Donato Ayma dieron cuerpo a un medio efectivamente comprometido con la cultura andina. Fue por esto que en 1991 Radio San Gabriel (“La voz del pueblo aymara”) recibió su mayor reconocimiento, el premio Bartolomé de las Casas, como reconocimiento a su labor educativa.

La historia de la radio en Bolivia, y especialmente la radio campesina, comunitaria y en lenguas nativas, le deben mucho a Donato Ayma, comunicador nato, quien infaustamente encontró la muerte el 23 de noviembre. 

De regreso a Luis Ramiro Beltrán, en un estudio “Campesino y Comunicación” publicado en 1996, señala que “(…) en 1993, Donato Ayma, un campesino aymara, fue el primero de los indígenas de Bolivia en obtener el título de licenciado en Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana. Su tesis de grado fue un detallado estudio del noticiero de Radio San Gabriel, programa que él mismo manejó con mucho éxito por largos años”. Y este camino de años de palabra comprometida hoy se trunca, para dar paso a su mayor prueba de diálogo y humildad, la de conversar con Dios, a quien todos los comunicadores del país debemos agradecer por la vida de Donato.

Manifiesto por las ausencias de la comunicología latinoamericana. La comunicación como elemento de necesidad de una economía política del conocimiento

Juan Ramos Martin, Profesor del Departamento de Sociología y Comunicación de la Universidad de Salamanca

(En recuerdo a Donato Ayma, que se nos fue de manera injusta, pero nos dejó mucho para pensar y compartir)

Seamos honestos. El verbo (como logos) nos fue impuesto. Surgió de unas estructuras económico políticas de dominación y pensamiento, pensado como poder sobre el reconocimiento específico de algunas de las realidades sociales presentes en el planeta. Así como lo fue el verbo, lo fue el lenguaje, el gobierno, la representación y la identidad manifiesta. Nos fue impuesto un universo de acción y de (re)conocimiento. Nos fue impuesta una moral. Nos fue impuesta una historia. De lo que no nos hablaron (al menos «científicamente») es de que, más allá de todos esos elementos, existen formas de conocimiento no asumidas por las centralidades.

Son otras formas de interrelación, de representación, de organización, otras espacialidades, otras temporalidades. Más allá de la univocidad de la historia oficial presente, existe una sociología de las ausencias (Sousa Santos, 2006) que nos plantea, en el reconocimiento de lo que no fue descrito, la enorme multiplicidad de voces y de razones que, desde su localidad oculta, pueblan el mundo de cosmologías e interpretaciones.

América Latina ha sido, en numerosísimas ocasiones, centralidad en su periferia, pensando y generando debates intensos sobre la realidad de una epistemología vivida, en el cuestionamiento ahistórico y descentralizado de las bases cognitivas, en pulsión constante con las formas institucionales de un Estado impuesto por la colonialidad. Dicha institucionalidad impuesta contó también entre sus estructuras con la presencia represora de lo que, desde contextos poscoloniales, se denominó «archivo colonial» (Spivak, 2003), entendido este como el conjunto de saberes que dio vida al reconocimiento de la epistemología eurocéntrica como única e incuestionable.

Contrario a estas estructuras cerradas, Latinoamérica vivió, y vive, tensiones que brotan de su identidad polisémica desde las bases de la dialéctica presente entre formas asumidas y no asumidas por la institucionalidad presente. Desde la dinámica de esas tensiones paralelas, surge el reconocimiento de la importancia de la comunicación como estructura de mediación sincrónica, espacio de conversa desde sus formas políticas y culturales, para dar voz, lengua y pensamiento a las múltiples realidades espacio-temporales y cosmológicas que, en su proceso multidialógico, se manifiestan y buscan construir, junto con las estructuras manifiestas, otras formas de pensarnos cultural y políticamente.

En ese sentido, los medios de comunicación indígena, más allá de su reconocimiento clásico comunitario-alternativo, se pueden pensar, desde sus ausencias y desde sus emergencias, como piezas fundamentales en el debate de la colonialidad-capitalismo y las epistemologías del sur (Sousa Santos y Meneses, 2014); como un espacio presente y central en la tensión generada entre ese reconocimiento en disputa, entre la institucionalidad y las formas de organización social paralelas, cómodos en su indefinición, en el territorio alegórico, fantasmal (en un sentido derridiano), que los coloca tan dentro como fuera de las estructuras de formalización. En la diatriba de comprender, o no, a los medios indígenas-comunitarios como una formación social abigarrada (Zavaleta, 1986), entendida esta como lucha por la apropiación y el uso del excedente económico social o como elemento ch’ixi (Rivera, 2010) en su utilización dialéctica como reconocimiento paralelo de antagonismos y complementariedades de elementos identitarios en disputa, y en detrimento del discurso pluri-multicultural, que pretende negar la etnicidad de poblaciones ya aculturadas.

Para resolver la complejidad de la anterior cuestión, será necesario comenzar a reconocer, de manera urgente, a las múltiples voces silenciadas durante décadas de aquellos que, aportando desde un conocimiento subjetivo, militante y apasionado, fueron subsumidos por las lógicas epistemicidas del pensamiento predador científico, y convertidos en mera información de otras formas de investigación racional cartesiana (Rivera, 2010: 10).

En ese sentido, un nombre surge hoy como ejemplo, en el recuerdo de sus muchas luchas (políticas y epistémicas). Donato Ayma fue uno de los grandes ejemplos de investigador-activista. Con la ventaja de su cercanía militante al pueblo y de su condición de trilingüe fluido (hablaba castellano, aymara, quechua, e incluso la lengua del pueblo uru), fue también uno de los primeros en reivindicar la necesidad de reconocer las identidades indias (especialmente aymaras y quechuas) como espacio de lucha política en la consecución de una verdadera democratización de los espacios de la comunicación latinoamericana. Así, desde hace más de cinco décadas, Donato nos mostró que el aymara surgió para “tomar el micrófono a recuperar la palabra que le había sido negada y en este caso lo ha hecho sin influencia de instituciones estatales o privadas, ni de la Iglesia y menos de partidos políticos” (Ayma, 2013:6).

En sus maravillosas aportaciones nos ayudó a reflexionar sobre cómo la introducción de nuevas lógicas de organización y estructuración programática, más cercanas al refuerzo de la identidad andina y la lógica del ayllu, consiguen un desarrollo totalmente diferenciado de los medios privados y tradicionales.

En el ámbito de la narrativa, nos ayudó a comprender cómo formas de oralidad propias, en cohesión con los formatos radiofónicos en los que sus trabajadores fueron capacitados, la hacen brillar por encima de otros formatos. La radionovela aymara, sobre la vida y el problema social, los cuentos del achachila, en voz de los propios campesinos, o dramatizaciones de relatos propios, en las mismas comunidades y teatralizadas y por los campesinos, con un sinnúmero de sociodramas de denuncia (Ayma, 2013), en adaptación de la autoemancipación ya en ciertos contextos por instrumentos de apropiación socio-crítica, en un carácter subalterno, desde las estructuras primigenias del teatro del oprimido.

Por otra parte, estas otras formas, nos recuerda Donato, influyen también en la multiplicación de los espacios de acción y emisión, generando nuevas lógicas de interacción que normalmente no están presentes en otras formas de organización mediática, sacando la palabra a las calles, construyendo nuevos territorios multidialógicos en la apropiación comunicativa y reivindicativa del espacio público, a partir de la participación activa de la propia comunidad.

Pensador de la emancipación comunicacional latinoamericana, presente en vida y obra en la tensión entre los diferentes mundos de representación identitaria que construyen América Latina, en memoria de Donato y de tantas y tantos otros que fueron ocultos en su pensamiento, es sujeto final de reivindicación de este texto afirmar la necesidad urgente y manifiesta de retomar el debate sobre una economía política del conocimiento, también en el ámbito de la comunicación latinoamericana, que establezca los intereses escondidos en la generación de discursos y la tensión dialéctica presente en el capitalismo cognitivo, así como la ocultación consciente de gran parte de los discursos generados desde las periferias informales, para conseguir una verdadera ecología de saberes que nos ayude, incorporando al diálogo a todas y todos aquellos que aportaron (y aportan) sus cuestionamientos estructurales, a encontrar posibles salidas a la supuesta univocidad de una historia impuesta.

Reconocimientos póstumos

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